Cada hora sin sistemas quema nóminas paradas, ventas que no entran y horas extra de recuperación. Este número es el que justifica (o no) tu inversión en continuidad.
Estimación conservadora: no incluye daño reputacional, penalizaciones ni clientes que no vuelven.
Coste laboral parado (empleados afectados × coste/hora × % de productividad perdida), ingresos no realizados durante la ventana y el sobrecoste de recuperación. Es una estimación conservadora: no incluye reputación ni clientes que no vuelven.
RTO: cuánto tiempo puedes estar parado (marca cuánto invertir en recuperación rápida). RPO: cuántos datos puedes permitirte perder (marca la frecuencia de las copias). Se fijan por negocio, no por sistema: no vale lo mismo el ERP que la web.
El patrón que vemos en cada desastre: había backup, nadie lo había restaurado nunca, y en el momento crítico falla o tarda días. Las pruebas de restauración periódicas son la diferencia entre un susto y una crisis.
Una avería son horas; un ransomware son días o semanas, con los backups como objetivo prioritario del atacante. Copias inmutables (que nadie puede cifrar ni borrar) y al menos una fuera del alcance de la red: la regla 3-2-1 moderna.
Se queda corto a propósito: no cuenta daño reputacional, penalizaciones contractuales, clientes perdidos ni el coste de oportunidad del equipo directivo apagando fuegos. El número real de un incidente serio suele ser mayor.
Entre averías de hardware, errores humanos, cortes eléctricos y ciberincidentes, la pyme media sufre varias interrupciones al año. La pregunta útil no es "si", es "cuánto durará y cuánto costará cuando pase".
La regla práctica: si una hora de caída te cuesta X, invertir una fracción de X al mes en backup probado, monitorización y un plan de recuperación documentado es directamente rentable. El cálculo de arriba te da tu X.