Mantenimiento proactivo (RMM).
Mantenimiento proactivo: monitorización continua, telemetría en tiempo real, parcheo programado y automatizaciones sobre cada equipo.
No esperamos a que algo falle. Con alertas configuradas sobre rendimiento, almacenamiento y servicios críticos, actuamos antes de que el usuario note el problema. El parcheo de sistema operativo y aplicaciones se aplica en ventanas programadas para no interrumpir la productividad.
Cada equipo está documentado, monitorizado y actualizado. El resultado: menos incidencias, menos tiempo de inactividad y una infraestructura que no envejece sola.
Rendimiento (CPU, memoria), almacenamiento, servicios y procesos críticos, estado de las copias, actualizaciones pendientes, salud del disco y eventos del sistema. El conjunto se ajusta a tu entorno: un servidor de facturación no se vigila igual que un portátil de oficina.
No. Las actualizaciones se aplican en ventanas programadas y pactadas —normalmente fuera de horario laboral— y los reinicios se coordinan. El usuario se encuentra el equipo actualizado, no la actualización a media jornada.
Se convierte en un ticket con su criticidad y lo atiende nuestro equipo, casi siempre en remoto y muchas veces antes de que el problema sea visible. Si la alerta revela un patrón —un equipo que falla de forma recurrente, un disco al límite— proponemos la solución de fondo, no solo el parche del día.
Sí: son cosas distintas. El antivirus protege frente a amenazas; el RMM mantiene el equipo sano, actualizado y vigilado. De hecho se complementan — un parque parcheado y monitorizado es la base sobre la que cualquier capa de seguridad funciona de verdad.