Una contraseña enviada por email o WhatsApp queda ahí para siempre. Pega aquí el dato: se cifra en tu propio navegador, generas un enlace de un solo uso y quien lo abra lo verá una vez. Después deja de existir.
Cifrado en tu navegador antes de salir de tu equipo: en KOVU solo se guarda el bloque cifrado, y se destruirá con la primera lectura o al caducar. La clave viaja únicamente en el enlace, tras el símbolo #.
Solo puede verse una vez: al pulsar el botón se descifrará en tu navegador y se destruirá del servidor. Guárdalo antes de cerrar la página.
El secreto ya se ha destruido del servidor: esta es la única vez que puede verse. Cópialo ahora si lo necesitas.
El secreto se cifra con AES-256 en tu navegador antes de salir de tu equipo. La clave de descifrado viaja solo en el enlace, en la parte tras la almohadilla (#), que el navegador nunca envía al servidor: en KOVU se guarda únicamente un bloque cifrado imposible de leer. Con la primera lectura el bloque se destruye; si nadie lo abre, se borra al caducar.
El email no es un canal, es un archivo: la contraseña queda copiada en el buzón del remitente, el del destinatario, los backups de ambos y cualquier dispositivo sincronizado. Una cuenta comprometida años después sigue exponiendo todo lo que se envió por ella.
Enlace por un canal, contexto por otro: manda el enlace por email y avisa por teléfono o chat de qué es (o al revés). Así, quien intercepte un solo canal no tiene la pieza completa. Para datos críticos, confirma con el destinatario que lo ha recibido él.
Que el destinatario lo abra y funcione es lo esperado. Que aparezca consumido sin que él lo haya abierto significa que alguien más lo vio antes: trata el dato como comprometido y cámbialo. Esa señal de alarma es justo lo que un email nunca te dará.
No podemos, ni queriendo: el cifrado y el descifrado ocurren en tu navegador, y la clave viaja en la parte del enlace tras la almohadilla (#), que el navegador no envía en las peticiones. En nuestro servidor solo existe un bloque cifrado sin su clave, que además se destruye con la primera lectura o al caducar.
No: el enlace muere con la primera lectura, por diseño. Si necesitas que un dato llegue a varias personas, genera un enlace por persona. Para equipos que comparten credenciales a diario, la solución correcta no es esta herramienta: es un gestor de contraseñas corporativo.
El secreto se borra al cumplirse la caducidad que elegiste (1 hora, 1 día o 7 días) y el enlace deja de funcionar. Genera uno nuevo y reenvíalo: cuesta cinco segundos y es mejor que alargar la vida de un dato sensible "por si acaso".