La dirección con la que sales a internet ahora mismo: la que ven las webs, los servidores y los sistemas de seguridad al otro lado.
Esta es tu IP pública: la de tu conexión hacia internet, compartida por todos los equipos de tu red. Tu equipo además tiene una IP privada (192.168.x.x, 10.x.x.x) que solo existe dentro de tu red local.
La mayoría de conexiones domésticas y muchas de fibra empresarial usan IP dinámica: cambia cada cierto tiempo. Para VPN site-to-site, videovigilancia o acceso remoto estable conviene contratar IP fija con tu operador.
El nombre asociado a tu IP. En conexiones de usuario es un nombre genérico del operador. En un servidor de correo, un PTR correcto (que coincida con el hostname) es requisito básico de entregabilidad.
Los usos típicos: autorizar tu oficina en un firewall o una VPN, permitir tu IP en un servidor (listas blancas), o diagnosticar por qué "internet va raro" comprobando si tu operador te ha cambiado de IP o te tiene tras CG-NAT.
De forma aproximada: la IP revela operador y zona geográfica (a nivel ciudad, con margen de error). No revela tu dirección postal ni tu identidad; eso solo puede vincularlo tu operador por requerimiento legal.
Las bases de geolocalización asocian rangos a la sede del operador, no a tu casa. Con CG-NAT o VPN corporativa, tu salida a internet puede estar físicamente en otra provincia.
Los operadores agrupan a muchos clientes tras una misma IP pública. Ahorra direcciones IPv4, pero impide abrir puertos: nada de acceder a tu NAS, cámaras o servidor doméstico desde fuera. Se soluciona pidiendo IP pública (a veces de pago) al operador.