Generadas con la criptografía de tu propio navegador: nada de lo que ves aquí sale de tu equipo. Ni siquiera nosotros las vemos.
Generada en tu navegador: no se envía a ningún servidor.
Una contraseña de 16 caracteres aleatorios tarda siglos en romperse por fuerza bruta; una de 8 con símbolos, horas. Si un servicio te limita la longitud, desconfía del servicio.
Cuatro o cinco palabras aleatorias (estilo "tramo-nube-84-frontera-sal") son fáciles de teclear y de recordar, y muy difíciles de romper. Ideales para la contraseña maestra del gestor o el cifrado del portátil.
El ataque real no es adivinar tu contraseña: es probarla en todas partes cuando se filtra de un servicio. Reutilizar contraseñas convierte una filtración ajena en un problema tuyo. La solución práctica es un gestor de contraseñas.
Con la mejor contraseña, el phishing existe. El doble factor (app de códigos o llave física, mejor que SMS) frena el 99% de los accesos no autorizados. En el correo corporativo no es opcional: es lo primero que activamos en cada cliente.
De verdad: se genera con la API criptográfica del navegador (crypto.getRandomValues) y no hay ninguna petición de red con ella. Puedes comprobarlo desconectando internet: la herramienta sigue funcionando.
La rotación forzada periódica está desaconsejada (incluso por NIST): produce contraseñas débiles y predecibles. Se cambian cuando hay sospecha de filtración, y se compensa con unicidad + gestor + MFA.
Uno corporativo con carpetas compartidas por equipo, auditoría y baja de empleados centralizada (Bitwarden, 1Password Business, Keeper…). La hoja de cálculo con contraseñas es la primera cosa que eliminamos al llegar a un cliente nuevo.