Un certificado caducado convierte tu web en una pantalla de advertencia y tumba la confianza (y las ventas) en segundos. Compruébalo antes de que lo haga Chrome.
Los certificados actuales duran 90 días (Let's Encrypt) o hasta 13 meses (comerciales). La renovación debe ser automática y monitorizada: el 90% de los sustos son un cron de renovación que llevaba meses fallando en silencio.
El certificado protege exactamente los nombres que lista: si cubre tuempresa.com pero no www.tuempresa.com (o al revés), una de las dos versiones dará error. Los wildcard (*.tuempresa.com) cubren todos los subdominios de primer nivel.
El navegador necesita la cadena completa hasta una raíz de confianza. Un servidor que no envía los certificados intermedios funciona en unos navegadores y falla en otros (típico: funciona en Chrome, falla en apps móviles antiguas).
El candado solo garantiza cifrado entre navegador y servidor. Una web de phishing puede tener SSL perfecto. Y una web legítima con SSL puede estar sin actualizar y llena de agujeros: son capas distintas.
Todos los navegadores muestran una advertencia a pantalla completa que la mayoría de visitantes no se atreve a saltar. El tráfico cae de golpe, y si hay APIs o integraciones contra esa web, fallan también.
El cifrado es idéntico. Los de pago aportan validación de organización (OV/EV) y seguro, relevantes en banca o grandes marcas. Para la mayoría de webs corporativas, Let's Encrypt bien automatizado es la opción correcta.
No debería tocarse a mano nunca: la renovación de Let's Encrypt se automatiza (certbot, panel del hosting) y se monitoriza. Si lo estás renovando manualmente, algo en la configuración está mal planteado.