«Tenemos copia de seguridad» es una de las frases más peligrosas de la informática de empresa, porque casi siempre significa «hay una carpeta que se copia a un disco USB conectado al mismo servidor». Ese backup muere con el servidor: en un incendio, en un robo y, sobre todo, en un ransomware, que cifra el disco de copia con el mismo entusiasmo que el original.
El ransomware moderno busca los backups antes de cifrar nada: si puede borrarlos o cifrarlos, el rescate se paga solo. Por eso la copia externa debe ser inmutable: durante su periodo de retención, nadie puede modificarla ni borrarla. Ni un atacante con credenciales de administrador, ni un error humano.
La única forma de saber que un backup funciona es restaurarlo. Las pruebas de restauración periódicas convierten la hipótesis en un dato: cuánto se tarda, qué se recupera y qué falta. Ese dato tiene nombre técnico: RTO (cuánto tardas en volver) y RPO (cuántos datos pierdes como máximo).
En KOVU diseñamos el backup con la regla 3-2-1, copias inmutables sobre Acronis y Veeam, y pruebas de restauración calendarizadas. Si hoy no sabrías decir cuándo se probó tu backup por última vez, esa es la señal.
¿Sabes si tu último backup restauraría?
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