El antivirus clásico funciona como un portero con una lista de fotos: si el que llega está en la lista de malware conocido, no entra. El problema es que los atacantes de hoy no vienen con la cara descubierta: usan herramientas legítimas del propio sistema, credenciales robadas y malware fabricado para cada campaña que ninguna lista ha visto antes.
EDR (Endpoint Detection and Response) no pregunta «¿conozco este archivo?», sino «¿es normal este comportamiento?». Un usuario de administración cuyo equipo empieza a cifrar miles de archivos a las 3:00, un proceso de Office que lanza PowerShell, un portátil que intenta conectarse a cientos de equipos de la red: nada de eso es un virus con firma, y todo es un ataque en marcha.
Un EDR sin nadie detrás es una alarma sonando en una casa vacía. Las alertas hay que triarlas, investigarlas y responderlas —también en agosto y también de madrugada. Por eso la versión útil para una pyme es el EDR gestionado: la plataforma más el equipo que la vigila y actúa.
En KOVU desplegamos y operamos Bitdefender GravityZone sobre todo el parque: nosotros vemos las alertas, tú ves el informe. Si tu «antivirus» es un icono verde en el que nadie ha hecho clic en meses, hay una conversación pendiente.
¿Quién vigila las alertas de tus equipos?
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