Las contraseñas de tu empresa ya están, en parte, en manos de otros. Filtraciones de servicios de terceros, phishing y reutilización de claves personales en cuentas de trabajo lo garantizan. La pregunta no es si alguna credencial corporativa circula por ahí, sino qué pasa cuando alguien la use.
El múltiple factor de autenticación añade a la contraseña (algo que sabes) un segundo requisito: algo que tienes (el móvil, una llave física) o algo que eres (huella). Una contraseña robada, por sí sola, deja de servir para entrar.
Por orden: el correo (quien controla tu correo puede resetear todo lo demás), los accesos de administrador, las VPN y accesos remotos, y la banca y facturación. Con métodos resistentes al phishing —app de autenticación o llave física— mejor que SMS.
Un despliegue de MFA sin planificar genera empleados bloqueados y soporte desbordado. La versión ordenada define políticas por perfil, métodos de respaldo y un proceso de recuperación que no dependa de llamar «al informático». Es exactamente el tipo de trabajo silencioso que hacemos en KOVU dentro de la gestión de identidad: MFA y hardening por defecto en Microsoft 365 y Google Workspace.
¿Tu correo corporativo pide solo contraseña?
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